Cita en Malasaña.



Camino por Espíritu Santo, esa calle repleta de gente con pinta de follar mas de dos veces a la semana. Como si tal cosa. Aún no estoy en mi época kiwi, en realidad no estoy en ninguna época reseñable. Algo entre la primera comunión y la vejez. Todo ese tiempo libre.

Camino, decía, para encontrarme con D. Me espera en la esquina. Yo pienso algo ingenioso que decirle y al llegar le digo “hola”. Ella me dice algo de unas cervezas con unos amigos suyos en un bar de unos amigos suyos donde exponen unos amigos suyos. Igual tocan, o recitan, o chupan cabezas de langostinos al ritmo de cumbia, no me acuerdo. Le propongo caminar simplemente. Sentir la ciudad desparramándose a nuestro alrededor y charlar, observar y dejar que vaya oscureciendo. Mis planes b son siempre de ese estilo, una puta mierda.

Terminamos en el bar de los amigos, en medio de una conversación que ya he olvidado y en la que nunca intervine. Pago mis tres vodka-naranja en la barra y me voy.


Pienso que ha sido una noche agradable. Que tengo que llamar más a D. Que sus colegas son gente muy interesante. Que los precios de las copas no están mal.

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