Sin tildes (II)


La mujer coloca el segundo tubo y mi sangre salta a su interior con eficiencia. De repente el proceso se detiene y el tubo no se llena del todo. Ella dice que estara defectuoso. Utilizare una jeringilla para terminar. Sale del cuarto para buscarla y contemplo la aguja clavada en mi brazo.

Pues bien, pienso.

Con mi mano libre agarro el diario que descansa en mi regazo. Echo un vistazo a la contra y me sale Millas diciendo "A esta hora de la mañana te toca analisis de sangre"

Miro nuevamente mi aguja. Bien, ahi sigue. Efectivamente, no he soñado ninguna de las dos cosas.

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Despues de dos horas de espera dejo de contemplar los rostros de la gente. Miro la baldosa mas cercana a las puntas de mis pies y me hago el dormido. Todo depende de que mis plaquetas digan aqui estamos y queremos pelea. Si no lo hacen me mandaran a casa sin darme la quimio. Realmente no se que es lo que me apetece. Me da exactamente igual quedarme que marcharme. Despues de dos horas contemplando los rostros de la gente solo me queda la baldosa. Desenfoco las puntas de mis pies y me quedo a solas con ella, todo lo demas desaparece.

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Tengo por fin un numero de plaquetas elevado. Para celebralo mi oncologo y yo decidimos envenenar mi sangre y matarlas a todas.

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Espero frente al ordenador la llegada del bicho. El calor. El sofoco. Fuera ha llovido y abro la ventana porque esteticamente queda muy bien hacerlo. La ventana esta abierta. Vuelvo al sofa y recojo el diario del suelo. Vuelvo a ver la cara de Millas en la contra y sus cuatro columnas.
Me da miedo pasar de la primera frase y descubrir, que en el fondo, no estaba hablando de mi.

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Leo.

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Dejo de escribir.

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