Electrocardiograma

Cruzo la puerta aturdido por tanta información. Rosario permanece fuera sosteniendo papeles, volantes y ecografías. Esta es la última prueba de la mañana. Me muero por salir a fumar un cigarro.

Llevamos toda la mañana en el hospital haciendo colas. Después de cada una de las salas de espera me muestran una camilla donde me tumbo y me bajo los pantalones. Camilla, tumbarse, pantalones, calzoncillos.

Rosario parece ser la única que se entera de lo que estamos haciendo, la que me lleva de puerta en puerta, la que archiva los documentos. Yo, poseído del espíritu de Paco Martinez Soria, me limito ha hacer chistes fáciles y mantener cara de póker.

Cruzo la puerta, decía, y una mujer amabilísima me indica que me tumbe en la camilla. Yo me desnudo de cintura para abajo mientras ella ajusta algo en el ordenador. Cuando se da la vuelta me mira y se ríe. Pero tú chaval, que estás haciendo? Te voy a hacer un electro-cardiograma. Quítate solo la camiseta. Me visto avergonzado. Perdón, perdón.

Reímos un rato y le digo que no tenía ni idea de que prueba era esa. También le digo que seguramente ella será la única persona en el hospital que no me ha palpado los testículos.
Esta es sólo una de las pruebas de cualquier preoperatorio, me comenta.

Mientras me pega los electrodos sobre el pecho me pregunta qué es lo que tengo. Me parece que cáncer, le contesto, eso me ha parecido escuchar.

8 comentarios :

Publicar un comentario