TOC


Esta tarde se acercó a mi bar Paco el poeta. Lo hace de pascuas en ramos, y cuando me saluda, después de estrecharme la mano, susurra algo que nunca entiendo. Volvió a pedirme, como de costumbre, que enjuagase previamente la taza en la que iba a prepararle el café con leche. Si no lo haces se pone histérico. Aún recuerdo cuando llevaba de bar en bar su vaso de plástico. Recipiente sagrado en el que le tenías que servir la cerveza. Trastornos obsesivos compulsivos. Tics en todas sus extremidades. Cada vez está peor este chico, pensé. Y cada vez huele peor.

Me contó, como habitualmente hacen otras personas, cosas que no me interesan sobre gente a la que no conozco. Lo hace saltándose líneas del discurso, añadiendo citas célebres y dibujando un paisaje de pisos compartidos, cervezas calientes y música bajita realmente desolador. No me interesa un cojón nada de lo que dice y sin embargo, la imposibilidad de entender casi nada de lo que dice me resulta entretenido.

Me alegré mucho de no ser él. Y seguí con lo mío.

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