Maletas



La maleta permanece en el suelo sin deshacer. No lo hago porque hacerlo es dar por finalizado el viaje. Vaciarla de contenido y poner la ropa nuevamente en circulación, significa olvidar. Por eso aún la contemplo en el suelo sin abrir, para mantener ese gusto todavía en la boca.



Un plano del futuro sobre el que hablar toda la tarde. El mapa del tesoro donde una equis señala siempre el mañana.



Visitar Barcelona sin pisar la calle. Una ciudad enjaulada tras el cristal de la ventana esperando a que alguien se decida a cortejarla. Una ciudad para amar de lejos. Una ciudad para abandonarla corriendo y llegar al avión por los pelos.

Y al final preguntarte si perderlo, hubiera sido una buena idea.

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