Fotos con Candela

En la plaza algunos padres juegan con sus hijos. Parecen esperar a que alguien les fotografíe y escriba en el pie de foto “ Padre jugando con niño”

Algunos lo hacen con una desgana estremecedora. Posando para la foto, pero sin el menor entusiasmo. Los hay, también, que se afanan en divertir pero sin divertirse. Miran a su vástago como si de un artefacto de extraña tecnología se tratase. Buscan las instrucciones en cada sonrisa, cada pataleta y cada bote del balón, respondiendo como lo harían ante el móvil recién comprado. Ese aparato que todavía no te pertenece y que aunque es tuyo, dista mucho de proporcionarte felicidad alguna.

Así, de esa manera, he recordado aquella tarde en la que jugamos con la cámara de fotos. Y en lo hermoso que es que alguien te fotografíe en tu día bueno. Ese día en el que algo hiciste que sí mereció la pena. Como jugar con la cámara tirados por el suelo. Fotografiarnos a nosotros mismos en lugar de esperar a que nadie nos dé la razón.

Candela, esto que lees es lo que hacemos los mayores cuando queremos salir bien en la foto. Lo hacemos a menudo. Reflexionamos sobre esas cosas una y otra vez. Generalmente no entendemos ni nosotros mismos lo que queremos explicar pero seguimos posando, quedando bien, haciéndonos los listos. Ya lo entenderás, cuando crezcas.

Candela, supongo que la vida no nos ha puesto en el lado bueno. Posiblemente has vivido cosas que es mejor no vivirlas. Es mejor así. Cuanto antes comprendas que esto no es un cuento de hadas, antes podrás ponerte a escribir el tuyo propio. En serio, esto de vivir y hacerse mayor es un poco coñazo. Y la vida está llena de seres imbéciles que no son capaces de darse cuenta de que en un mapa de África, difícilmente podrás encontrar el metro más cercano a tu casa.
Ahora bien, cuando crezcas, quiérete. Aprende a hacerlo desde ya, no esperes más tiempo. Y no te quieras porque seas la mejor. Nadie lo es, eso te lo aseguro. Hazlo porque eres la única. El principio y el fin, el centro del universo. Hazlo porque solo tú sabrás quien eres, porque tú eres la única cura a tus desdichas y lo único necesario para seguir caminando. Hazlo a pesar de tus defectos, y si puedes, debido a ellos. Sin ti, tú no eres nada y todo lo que te rodea carece de sentido. ´

Y si lo logras, ojalá nunca te falte ese vestido que te queda de muerte la noche en la que quedas con tu mejor amiga para ir al bar. Ya sabes, ese donde os gusta contemplar al camarero callado que siempre parece estar a punto de decir algo importante y nunca lo hace. Ojalá tengas el valor para mandar ese mensaje de madrugada. Ojalá una mañana llegues tarde al trabajo con una sonrisa en la boca, sabedora de que esa noche hiciste lo que tenías que hacer. Ojalá alguien te ame sin conocerte. Ojalá te olvides el paraguas en casa en una tarde lluviosa y tengas que refugiarte corriendo en los portales de esa calle que tanto te gusta. Ojalá nadie te haga más daño del necesario. Y ojalá los veranos sean aquello que imaginabas en invierno.

Que escriba esto tiene que ver mucho con la cabezonería de tu madre. Y aunque a veces se ponga coñazo, y no la entiendas, y parezca una carca, ojalá la sigas amando como ahora. Yo la conozco y entre tú y yo, es una tía legal. Te lo prometo.

Lo que sí es seguro es que crecerás. Y aunque la vida no se parezca a lo que te habían contado, disimula y ríe. Como solo ríe la gente sabia, aquellos que están dispuestos a intentarlo una y otra vez. Hasta que se haga de noche, hasta que apaguen la luz.

Ojalá dentro de unos años leas esto y le preguntes a tu madre quién ese tipo raro que sale en las fotos, tan despeinado, tan coñazo. Entonces tu madre hará memoria y te dirá que ese chico te sacó una sonrisa tirándose al suelo a jugar con la cámara. Una sonrisa en una tarde de verano en la que llevabas un humor de perros.

Y fue un día bueno, de los que merece la pena fotografiar..

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