Transformaciones perezosas

Es curioso como las personas tienden a no tomarte demasiado en serio a medida que uno intenta todo lo contrario.

Basta que hables de verdad con la gente, o que rías a carcajadas cuando el chiste ha sido tan oportuno como acertado. Basta que camines, taciturno y herido, cuando tus huesos no encuentran sus propias articulaciones. Basta que llames a la pelirroja simplemente porque quieres llamarla, o que no confundas la miseria con los miserables. Basta, efectivamente, que te comportes realmente como debes a tenor de las realidades del día a día, para que la gente crea que no vas en serio.

Si antes fingía y ahora no, cómo es posible que nadie note la diferencia?

Ahora se me ha dado por ahí. Arrebatos de sinceridad nunca requeridos y muestras de cariño sereno. Poca autocensura y mucha melancolía de la buena, reserva del 98.

Quién lo iba a decir, tratándose de mí. Quién iba a decirme que los golpes me ayudarían a incorporarme. Al límite del KO, justo antes de que mi entrenador arrojase la toalla. Quién iba a decirme a mí que la integridad me sería tan necesaria cuando no hace mucho, lo único necesario para ir tirando era un paquete de tabaco, un amigo a mi lado y algún buen monumento que admirar al final de la barra.

Y si nadie lo nota nunca, y si nadie aprecia la diferencia?

Puede que antes tampoco estuviera fingiendo y pese a todo, mi moral no la haya inventado hace poco. Puede que siempre estuviera ahí mismo, agazapada debajo de la almohada. Dirigiéndome en secreto desde algún sótano mal iluminado. Puede que ahora siga haciendo lo mismo que antes, aunque algunas cosas parezcan nuevas.

Puede que lo único que haya sucedido es que me he dado cuenta de que mi moral, difícilmente puede cambiar. Aunque yo no la quiera y trate de arrojarla por la borda, me veo obligado a aceptarla como amiga de por vida.

Puede, me digo, que sencillamente me haya convertido en un pobre gilipollas incapaz de entender lo que sucede a su alrededor. Incapaz de aceptar los sucios atajos sociales que nos lleven a ese sitio maravilloso donde alguien nos espera, seguramente, porque sí cogió ese atajo antes que tú.

Y francamente, no sé si merece la pena.

5 comentarios :

Publicar un comentario