Días olvidables

Casi todos los días te enfrentas a un día estúpido. Realizas todas las actividades pensando en otra cosa. Por suerte, uno puede vivir de forma automática dentro de cuatro frases hechas.

Aprovechas que sabes hacer reír para que la gente sonría al final de tus bromas. Incluso para que las repitan ellos y así ampliar el círculo.

Trabajas en estado ausente. Comes en estado ausente. Respiras y suspiras igual que si condujeras. Ajustando la marcha a las necesidades.
Mi trabajo me permite poder tener toda mi atención puesta en el otro mundo que no vemos. En el retrovisor emocional.

Aprovechas que sabes mostrarte accesible para que la gente confíe en ti.

Aprovechas que sabes empatizar para estrechar lazos afines y consolidarlos.

Aprovechas que sabes hablar de cosas profundas para que todo el mundo te tire una moneda dentro y pida un deseo.

Por la noche ves una película emocionante, emotiva, conmovedora. A la media hora sólo el quince por ciento de tu cerebro está atendiendo al drama. Te da exactamente igual como acabe, y sin embargo, no pulsas el pause por la desidia que te produciría mirar a tu alrededor con el otro ochentaycinco por ciento.

Tienes el piloto automático puesto. Todo resulta extrañamente fácil y sencillo. Vivir a sí no es demasiado gratificante.

Luego publicas algo como esto y eres tú el que tira la moneda.

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