Otra vez es Martes

Podría ahora mismo localizar en el youtube alguna de esas canciones tristes. Podría repetirla una y otra vez hasta lograr ese estado de ánimo tan habitual en mí. Esa melancolía rancia y arraigada que practico desde hace años como un verdadero profesional. Podría, una vez llegado al borde de las lágrimas, ponerme a escribir cincuenta o cien mil líneas sin ningún esfuerzo.

Literatura adulterada.

Todo plagado de lo mucho que creo saber de la vida y un montón de frases como que el mundo me arroja de nuevo a las barras de la latina, y una retahíla inacabable de comparaciones entre mi estado de ánimo y la putrefacción de las ciénagas. Demasiados joder y demasiados verbos conjugados en tiempos que no domino en absoluto. Una frase memorable aquí y otra de sinceridad sangrante allá. Dar pena es lo único que se me ocurre a veces. En ocasiones, de tanto dar pena se me olvida llenar la nevera.

Pero hoy no me apetece todo eso. Acabo de salir de la ducha y un montón de gotas en mi piel están esperando mi próxima jugada. Hoy no.

Ahora mismo me voy corriendo al super antes de que cierre para precisamente llenar la nevera, y puede que después me compre unas zapatillas bien cómodas. Luego, pienso tomarme una cerve y leerme el diario.

Eso sí, creo que me voy a olvidar inesperadamente el teléfono en casa.

Como quien no quiere la cosa.

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