Buhardilla

Vengo de dejar a Paty en su portal y mastico el final del martes más perfecto en meses. Lo hago sentadito en un colchón hinchable en mi nueva casa. Habéis oído bien. He cambiado nuevamente de hogar, pero no a un sitio cualquiera. He conseguido alquilar esa buhardilla que siempre soñé. Un lugar sencillo, cómodo y altamente sexy que me hace ver el futuro con todo el optimismo del que soy capaz. Aquí sentado no se me ocurren demasiadas cosas tristes que contaros. Las frases auto destructivas de salón no me salen. Hoy no.

Antes hemos terraceado a gusto en la mesa seis. He dicho tantas cosas que creo que ya no tengo nada más que decir. He exprimido veinte euros entre tostas y cañas. He sucumbido a la holgazanería más absoluta.

Antes hemos montado el mueble de la tele. Miento, ella lo montaba mientras yo ponía una lavadora. Me he mudado doce veces. He usado como escenario cuatro ciudades distintas. He perdido catorce libros en el intento y he olvidado dos plantas de forma deliberada y una accidentalmente. He contado las cosas más insignificantes y he olvidado las importantes.

Antes he ido a coger el mueble a su casa y me ha contado durante horas lo que hace su Psicoanalista con ella.

He descubierto que tengo wifi gratis, así que me estoy dando un pequeño placer. El de escribiros algo desde mi buhardilla, antes de acostarme, intentando ver si la línea de comunicación sigue abierta. Probando el micro justo antes del concierto. Eso es lo que hago, satisfecho y jodidamente ilusionado. Un dos tres probando. Se me escucha… espero que sí, porque lo bueno empieza ahora.

10 comentarios :

Publicar un comentario