Mi hermana

Recuerdo a mis padres saliendo de noche para buscar algo. Comida para el monstruo. Antes habían encerrado a mi hermana en el cuarto que está pegado a la cocina. No recuerdo bien si me dejaban solo en casa con ella o si por el contrario me quedaba al cuidado de mis hermanos mayores. Lo único que recuerdo es que yo era muy pequeño. Mi infancia fue de lo más normal. A decir verdad no recuerdo apenas nada. Uno siempre es demasiado pequeño para recordar nada.

En ocasiones escuchas o lees a la gente hablar de sus infancias. Describen tal o cual situación que para ellos influyó de alguna manera en lo que ahora son. Mentiras. Mentirosos. Es imposible recordar nada. Cuando la infancia sucede uno nunca está presente. Es otro el que se afana en crecer y aprender. Nosotros sencillamente esperamos el momento de entrar en escena y soltar nuestras frases.

A mi hermana la encerraban en el cuarto donde mi padre había colocado dos cerrojos corredizos en la puerta. Salían de noche para buscar, creo, aquello que mi hermana necesitaba para aguantar el mono. Mi único cometido era subir el volumen de la tele para no oír sus gritos. Ver tele, esperar. Hacer como si no pasara nada.

Ella gritaba y golpeaba. Insultaba y rompía cosas. Mi hermana detrás de la puerta. Mi hermana el demonio. Mi hermana convertida en puerta.

El demonio me insultaba y me amenazaba de muerte para que le abriese. Yo no abría. Yo subía el volumen y aguardaba el regreso de mis padres.

Cuando mi hermana utilizaba palabrotas realmente llamativas no podía remediar cierta complicidad con el demonio.
Sin embargo, algo sí que me producía verdadero pavor, y es exactamente lo que he recordado esta mañana. Mi hermana siempre amenazaba con machacarme la cabeza con una vara de hierro. Decía que me iba a golpear un millón de veces hasta matarme si yo no abría la puerta. Vara de hierro. La forma más dolorosa de morir. Vara de hierro, la expresión más contundente para matar. Recuerdo buscar de vez en cuando esa vara por toda la casa. Siempre estuve seguro de que mi hermana la escondía en algún lugar. Podía visualizarla, toda oxidada y ligeramente retorcida.

Hoy la he estado buscando en mis recuerdos todo el rato. He calculado el destrozo que sus golpes podrían provocarme. Me he visto sangrar en el suelo cientos de veces. He sentido como mis costillas se quebraban una y otra vez. Sangro, muero, y la vara de hierro sigue golpeándome.

La puerta me amenaza y la persona encerrada golpea una silla contra la pared. No recuerdo como era mi hermana en su adolescencia. No tengo recuerdos de ningún tipo. Solamente puedo sentir el dolor de la expresión vara de hierro en mis tímpanos.

De vez en cuando sucedía algo todavía peor, el demonio dejaba de gritar y se hacía el silencio. Cuando la persona encerrada se calla es porque puede oír tus pensamientos. Puede meterse en tu cabeza y conseguir que cometas el error de abrir la puerta para comprobar lo que queda dentro del cuarto, desatando así el dolor y la locura del infierno allí preso.

Cuando la persona encerrada se calla es porque está a punto de escapar. Puede que mientras yo estoy tratando de ver la tele, ella esté reptando por el pasillo camino del salón. Ahora mismo, estará agazapada debajo de la mesa, observándome desde la penumbra con una sonrisa de niña endemoniada, esperando el momento de abalanzarse sobre mí y darme mi merecido. Deseo que cese el silencio. Quiero que vuelva el continuo cascabel de gritos para estar seguro de que el infierno sigue atrapado tras la puerta.

He pensado en palabras capaces de hacer frente a la vara de hierro. Llave, casa, refugio, hermano, papá, mamá…
Insuficiente, ninguna de ellas suena redonda, ninguna suena a verdad. Palabras frágiles ante el demonio.

Por eso he apagado la tele y me he venido aquí. Escribo por primera vez en mi vida a cámara lenta, muy despacito, susurrándome lentamente lo que quiero decir bajo la atenta mirada de mi hermana bajo la mesa. Me he susurrado lentamente todas estas palabras. Las he colocado una pegada a la otra, he formado filas y columnas sin dejar espacio en el medio. He levantado una estructura lo más resistente posible. Algo que pueda soportar el primer golpe de la vara de hierro de mi herma.

Y aquí sigo, agazapado detrás del muro, espiado por el demonio y esperando que mis padres regresen a casa.

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