Aparente cirujía

La música está demasiado alta para estas horas y siguen sin tener conexión.

Escribo.

Ella me dijo el otro día que soy de las pocas personas a las que realmente no le importa lo que piensen de mí. Yo corrijo. Soy una persona a la que lo único que le importa es lo que piensan de mí. Otra cosa distinta es que busque en esa opinión aceptación o no. Eso ya depende de cómo vaya el día.

Hace años realmente me esforzaba, a mi manera claro, en conseguir no joderle la vida a los demás y por lo tanto lograr cierta aceptación en mis diferentes entornos. Ahora ya ves, tengo días en los que me esfuerzo concienzudamente en caer mal. En marcar los encuentros con el rotulador del desastre o la apatía. Y no me da igual. Lo hago casi siempre consciente, y solo en algunos casos porque no doy para más y la pereza me lleva a la catástrofe.

Si buscase sencillamente aceptación sería el primero en disfrazarme y caminar debajo de una virgen en esta semana santa tan atroz como sobre actuada en la que nos hemos metido sin saber como. O me comprometería con alguna causa justa para dejarme llevar un poco cuesta bajo por los farragosos caminos del compromiso y la utopía. Es decir, diría mucho y pensaría poco. Me vestiría como un idiota y mantendría opiniones igualitas los jueves y los lunes. Como si los avances del calendario no me hiciesen mella.

Me he acostumbrado demasiado a la imagen que me devuelve el espejo del baño todas las mañanas. Cambiarla me supondría dejar de hacer cosas para hacer otras distintas. Soy un hombre de costumbres, así que ya que me he creado un personaje más o menos de mi talla, cambiar cosas es un esfuerzo insufrible. Cambiar a mejor no estaría mal, pensareis. Lo sé, la palabra mejor es mejor que otras o eso nos han dicho. Sin embargo mejor puede ser distinto, y la diferencia no la tengo tan clara.

He cambiado sin querer. El supercrisis de antes me gustaba más. Igual que a vosotros.
Yo soy el primer afectado, creerme.

Si habéis pensado en cambiar de canal, lo entiendo. Aún así os pediría que permanecieseis un ratito más por aquí. No sé, puede que un día me queme a lo bonzo y os arrepentiríais de no haber estado presentes. Lo insustancial deja paso, en ocasiones, a momentos inolvidables. O no habéis echado algún buen polvo después de dos horas de conversación anodina?

Mierda, la pregunta sería, algún polvo no fue precedido de conversaciones que nos aburrían profundamente? Eso.

Mientras tanto estoy pensado en mudarme de nuevo, en coger el teléfono un poco más, en seguir unas normas, como el protagonista de “Astronautas” y así conseguir llevar una vida más parecida a la de otros.

Progresar de alguna manera y olvidar casi todo lo anterior.

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