Apagón total

En mi cafetería de cabecera, el zaguán, se ha caído el wifi. Recién acabo de llegar y tomarme una tostada antes de comenzar a navegar.

Estoy con el ordenador abierto de par en par pero sin señal. De qué sirve si no tengo internet? Estoy escribiendo para matar un poco el tiempo ya que no me apetece irme todavía. Si vuelve colgaré esto y si no vuelve ya veré.

Escribo porque me da un poco de vergüenza marcharme tan pronto de aquí. Los chicos son majos y si me voy pitando a buscar otro wifi cercano, puede que les parezca un cliente oportunista y gorrón. Siempre hago las cosas para no parecer del todo un cabrón sin escrúpulos. Por otra parte, si cierro el portátil y me disculpo y me piro fingiendo prisa puede que piensen que de veras necesito enviar algo importante. Volvemos a lo de siempre, aparentar que algo se esconde detrás de esta fachada de indiferencia y moderada amabilidad.

Aunque haciendo lo mismo, es decir, fingiendo prisa y necesidad, pueden igualmente pensar que no tengo dinero para tener internet en casa y soy un pobretón que mendiga conexión en el bar más barato de la zona y que se va a las primeras de cambio. Algunos clientes sí se están marchando como si cualquier cosa. Pero yo no soy capaz…

Soy de esos que se pierden por no preguntar una dirección, o lo que es peor, se pierde por no haber podido retener unas sencillas explicaciones después de preguntar. Claro, todo entendido. Sí, seguro que sí.

Seguiré escribiendo un poquito más, dejaré pasar unos quince minutos. Creo que es el tiempo necesario para pagar y regresar a casa sin molestar a nadie. Dando por hecho que la ausencia de conexión no es más que un incidente sin importancia dentro de mi apasionante existencia.

Conectar, diagnosticar el error, reparar. Nada, que no se repara. Como en la vida misma. Exacto. Sí.

Enviaré un sms y esperaré la respuesta. Eso es. Mataré algo de tiempo. Seguramente alguien estará dispuesto a contestar rápidamente a alguna chorrada. Pero podría mandar algo que realmente no fuera una chorrada, algo relativamente importante que exigiera respuesta inmediata. Coaccionaría al receptor a contestarme y así, tras escuchar el pitido que alerta del mensaje, podría abalanzarme sobre el móvil y leerlo con un gesto de incredulidad para luego pagar y marcharme. Dejaría claro que el mensaje y mi rápida huída son causa y consecuencia, justificando una vez más mi actitud delante de los espectadores.

Escribo, envío, enciendo otro cigarro.

El camarero se acerca y me dice que ya ha vuelto la señal. Qué alivio, no tengo que escribir más. En realidad no sabía como continuar.
Y francamente, no tener que continuar, casi siempre es un alivio.

Conectar, conectado correctamente. Como en la vida misma.

Y voy yo y me lo creo. Exacto. Sí.

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