Horizontal

No la estoy mirando. Lo juro. Estoy de espaldas, junto a la cafetera con mis cafés y mis tés muy centrado yo en mi trabajo. Lo juro.

No la mires, deja de mirarla, pero si no la estoy mirando. Vale que lo hice pero ya no. No lo hagas, te vas a estrellar. No mires su ordenador, su mac, ni te fijes en esa página en la que introduce un formulario para algún trámite universitario. No lo he visto, no lo sé. Podría hacerlo y no se daría cuenta. Podría incluso rozar su pelo negro y no se enfadaría. Los camareros somos esas personas con licencia para invadir tu espacio vital cuando dejamos los cafés en la mesa. Como si viajásemos en ascensor, todos juntitos, ella y yo, tú y yo, nosotros y ella. En ocasiones echo de menos que los ascensores no se desplacen horizontalmente.

El otro día tenía un chiste fabuloso para cuando me pidiera el café con soja que me pide siempre. Pidió un té y el chiste ya no funcionaba. Zorra. Dije. No es cierto, solo lo pensé, es decir, me lo dije a mí mismo. Bueno, y ahora a vosotros. Entonces no lo pensé, lo dije.

Ya no la miro, ni me imagino sus tatuajes, ni me imagino como sonará su nombre cuando ella me lo diga ni el beso que me dará cuando diga el mío.

Y en el fondo me da pereza. Intentar algo como por ejemplo caerle bien. Otra chica que se aprenderá mis cicatrices. Otra chica que puede venir después del curro a casa. Otra chica en mi ascensor.

Puede que ella lo merezca pero el esfuerzo me aburre. Por lo menos en este momento. Buen sexo, mal sexo. Silencios que lo complican todo y discusiones al llenar la nevera o después de la primera vez que no sepa como decirle que me apetece estar solo. Otra chica fabulosa que me dejará de manera fabulosa.

Menos mal que no la estoy mirando. No miro su cuello ni sus vaqueros. Deja ya de liarte cigarros, lo haces tan bien que me obligas a buscar otro extintor.

Ahora se pone unas gafitas de leer y me quiero morir. Quiero matarla. Quiero arrancarle la etiqueta al coqueteo y estrenar todo lo demás. A la mierda el qué tal estás. Quiero lo otro, en silencio.

Hablar de qué si siempre estamos con lo mismo. Te quiero desnudar y punto. Tan siquiera debería de decirlo, me agota. A la mierda esto y lo otro. A la mierda todos. A la mierda yo ahora mismo. A la mierda luego y siempre.

No me jodas. Otro cigarro. No puedo más.

Y así paso algunas tardes. Jodiéndome la vida.

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