Palabras normales

Los regresos son un cataclismo existencial de proporciones épicas. Una masa informe de vacíos que si los juntas, te dan un todo. Algo así como la medida de las cosas sencillas. Y el caso es que hace años que uno ya no sabe si cuando va regresa, o cuando llega es que ha vuelto al punto de partida. Lo que sí sé, es que hace un calor predecible y oscuro que acentúa el vacío.

He estado de vacaciones en mi tierra y he acumulado tantas razones para perder un brazo por otras personas, que casi me da vergüenza asumir que no tengo brazos suficientes para agradecer tanto calor, tanta risa, tanto cuidado descuidado, tanta ternura, tanto ponerme en mi sitio cuando es necesario, tanto todo.

Así que utilizaré esta entrada para tratar de explicar algo importante de una vez por todas. Si esperáis risas fáciles, pues que queréis que os diga, creo que todavía podéis pasar de mí y darle al youtube y pillar algo de Muchachada nui, que aunque sea a cachos creo que es la pera limonera con la cosa del reír y tal.

Lo primero decir que soy bastante imbécil y que poco voy a cambiar de aquí en adelante. Y aunque a ratos mantenga la pose del que va de buena gente, siempre termino por cagarla y fallar en las peores ocasiones.

Lo que quiero decir, a ver si me explico (que ya llevo unas cuantas líneas y no acabo de acertarle al muñequito) es que todo lo que me dan mis amigos me resulta tan inexplicable e inmerecido que no puedo más que poner cara de sorpresa. Tampoco es eso lo que quería decir exactamente.

Lo que me pasa es que todavía estoy en estado de shock tras el regreso y no me sale bien esto de escribir. Estoy con todo el teclado para mí solito, tengo todas las letritas del alfabeto para resumir lo que siento y no me sale. Todo el insomnio metido en vena para teclear algo que os conmueva. Horas mirando esta pantalla del word en blanco para finalmente, soltar esta castaña llena de lugares comunes.

Puedo decir, chicas sois maravillosas y me suena a chorrada. Decir que me habéis hecho tan feliz que me moriría si algún día me faltais, y me parece la frase de un niño de primaria.

El reloj sigue dando vueltas y seguís en mi cabeza y en mi ánimo. Estáis todos y todas aquí dentro y no puedo ni susurrar algo medio decente.

Supongo que hay cosas que son tan importantes que no se pueden decir. Misterios que llevamos tan dentro que no tiene sentido vervalizarlos. Creo que es mejor dejarlo así y no envalentonarnos demasiado cuando somos capaces de ponerle nombre a casi todo, ya que las cosas que no tienen nombre son las que se comparten mejor y las únicas que nos alimentan.

A los viejos, a los nuevos, a los de siempre, que sepáis que la palabra amigo se va quedando muy pequeña si la comparamos con un lágrima que se te escapa cuando el bus arranca.

Vosotras sois otra cosa.
Vosotros sois otra cosa.
Y me encanta que así sea.

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