No, no y no.

La respuesta de mi casero ha sido no y cuando dice no es no. Yo le he dicho que bien y cuando digo bien es… BIEN.

Me ha dicho el tipo que su hijo, el “abogado”, el puto genio de las leyes romanas, el chapón cuatro ojos que no se ha comido un chocho como es debido en años, el woody allen de las frases hechas en las comidas familiares, pues ese tipo le ha dicho que mi perfil es muy problemático con la crisis que se avecina. Que en tres meses, con mi nómina no tendría dinero para pagar. Y yo me pregunto si ese comemierda, ese vejestorio, ha entendido algo de lo que le he explicado. Me pregunto si la calculadora le funciona o es que ha perdido las pilas igual que su sonotone. En fin, que mi perfil es una mierda, todo un pozo de inestabilidad que claro, con la subida del petróleo, los tipos de interés y las reposiciones de verano azul, pues claro, que me voy a la mierda y yo sin enterarme.

Nunca me han echado de ningún curro, y cuando me he ido siempre ha sido para ganar algo más o por que me ha salido de mis partes nobles. Bendita inestabilidad, ojalá cambiase de curro cada mes, eso significaría que me va de cojones.

En fin que me siento como si me hubieran hecho un diagnóstico erróneo pero sin derecho a reclamar. Yo solo quería un piso para vivir de forma digna sin molestar a nadie. Con mi verdad por delante y claro, con el dinero.

Pero nada de nada, mi perfil es una puta mierda pinchada en un palo. En el palo de los perfiles, claro está.
Pues nada bonito, ojalá consigas esa pareja de funcionarios para que paguen una pasta por tu piso. Esa pareja tan de puta madre que si uno se queda sin curro el otro podrá sostener el fuego familiar y tu cuenta corriente. Que esa es otra, te hacen sentir como si te hicieran un favor al pagar una pasta gansa e indigna por un piso.

Será por mis pelos, me digo. Pero no, no puede ser. A pesar de ser un tipo jubilado y tener una edad, ese señor, me digo, habrá visto en la tele o en internet que las cosas han cambiado y que los negros y los despeinados e incluso los camareros, esa gente de mal vivir, pueden dado el caso ganar dinero y pagar alquileres y toda esa cosa de la vida moderna.

Pero ni con esas, oye. Que mi perfil hay que descartarlo y sanseacabó.

Se le queda a uno cara de tonto. Lo daba por hecho y ahora me veo sin un sitio al que irme el lunes. La culpa es mía, y es que nunca aprendo. No soy un vivo, solo soy un tío normal que curra como un hijodeputa.

Nunca he sido rencoroso, pero estas cosas de la vida ayudan, francamente, a volverse un cínico y un cabrón. Ojalá algún día ese señor afable que gusta de jugar al ajedrez y que tiene a una docena de empleadas y que veranea en no sé que playa, ojalá, me digo, se arrepienta de esto. Ojalá vea mi nombre en algún sitio o se cruce por el barrio y tenga que agachar la cabeza mientras su asistenta lo sostiene en cualquier acera cuando no pueda valerse por si mismo.

Mañana es otro día y tengo que currar y que hacer mogollón de llamadas. Saldré de esta y seguro que es por mi bien. Pero francamente, espero no olvidar esta lección. Por lo humillante que ha sido ver como la gente te radiografía a ojo sin tener ni idea de nada, y por el tiempo perdido. Tiempo que a mí me sobra para tomar mis propias decisiones, tiempo que a el se le escapa entre las manos, con su vejez, con sus millones, con su mirar por encima del hombro.

Y cuando digo bien es… BIEN.

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