Maldita mayonesa

Te lo bebes todo el domingo con la única intención de hacer desaparecer el lunes. Eso es en lo único que piensas. A cada trago el día siguiente va desapareciendo. Si le doy duro al vodka un viernes, al final me cargo el Sábado.

Puedo amanecer un martes sin tener la más remota idea de como he llegado hasta ahí. Y al final tu semana se parece al teclado de un piano, a la dentadura de un viejo. Faltan piezas, faltan días. Manchas negras ocultan días aparentemente importantes. Pozos oscuros mientras yo... miro para otro lado.

Saltarme las casillas se ha convertido en algo habitual. El nivel de simplificación al que ha llegado mi vida me permite ser uno de los tipos más felices de mi barrio. Pocas necesidades. Pocas aspiraciones. Algunas mentiras. Una llamada a la semana.

Ahora venía una foto pero he perdido mi cable usb y no puedo conectar mi teléfono al ordenador. Me jode por que tenía una en la que creo que resumo todo este rollo. Podría ahorraros las molestias si pudiera poner la foto. Pero no puedo.

Os la describo. Se trata de una pose clásica. Salgo en un contrapicado mirando a cámara y apurando un cigarro. Un ligero contraluz verdoso realza mi despeine al mismo tiempo que mi mirada os pide perdón por ir tan borracho. Estoy en un local que puede parecer Estudio 54 por lo poco que se ve del techo, sin embargo es La Noche. Siempre es La Noche.

No recuerdo muy bien que día estaba intentado borrar en ese momento, ni lo cerca que estaba en centilitros de conseguirlo. No recuerdo si la ausencia de servilletas y lápices impidió que me enamorase. Lo único que tengo claro es que esa noche no borré un jueves. Los jueves nunca se borran, admitámoslo. Ese día está reservado para todas la cosas realmente malas que pueden suceder en el universo.

Dios tuvo la idea esta en la que todos andamos metidos un jueves, y al final borró el Domingo.

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