Checo con subtítulos

Escribir desde un ciber se parece a follar con tu mejor amiga en una pensión de tu misma ciudad, y no llevarse las toallas a casa. Vomitar en un baño ajeno sin saber quien lo limpiará a la mañana siguiente. Ser invitado al estreno y quedarse en el bar de enfrente, preguntándome si es posible que alguien diga mi nombre en la taquilla y se quede con el sobre de mis entradas.

Unos días de descanso en los que comes demasiado poco, amas demasiado nada y bebes demasiado mucho. Unos días de espera donde lo único serio que haces es acumular nuevos teléfonos en la agenda. Teléfonos archivados con nombre de mujer y apellido de bares.

Sabeis, los que lo sabeis, como está la cosa. Estoy a la espera de un gran cambio. Algo ruidoso, grande y caro. Algo que me impida escribir aquí en una larga temporada. Algo que no me dejará tiempo para comerme la cabeza como de costumbre. Una huída hacia... dejémoslo en huída.

Mañana arrancaré una página entera del calendario, dos si es necesario, y buscaré lo que pasa luego. Leeré el final del capítulo antes de dejarlo todo como está.

Impaciencia. No es la palabra, pero es la que más se le parece.

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