Pato

Pensaba contarte una historia para hacerme el rarito. Una metáfora sobre toallas y pasados, mochilas y filmotecas cerradas los lunes. Pero entre otras cosas, supongo que no te apetece escuchar esas cosas. En realidad todo eso no sirve para nada.

Tengo un cansancio transformado en insomnio que me hace tiritar el alma. Dentro de unas horas salgo para allí, ya sabes…



El caso es que mientras leía esto me he puesto a pensar y a buscar la canción que más me podría hacer llorar en este instante. Quizás para ponerme a tu altura, supongo. La encontré y llevo unas catorce reproducciones en el youtube. Y sí, lloro. Y ya no pienso en ti. Y ya no pienso en como te sentías al escribir esas líneas. Lloro y nada más. Y mientras lo hago le doy a la tecla. Sin saber mucho si el punto final estará tres líneas más abajo, o cuando se me agoten los ducados.

Bonita la idea esa de cousas. La de las cancioncitas y sus enlaces y su puñetera madre. Podría dejar de remover y hacernos recordar. Podría dejar de agitarnos la mochila de los recuerdos y acostarse pronto la muy…

Escucho Portobello Belle de los Dire Straits. No es gran cosa, quizás. Pero es el tema que le sonó a mi hermano en su movil cuando yacía cadáver en el tanatorio. Si te mueres la gente seguirá llamándote, así que piénsate mucho cual es tu melodía. Tu teléfono sigue vivo aunque tú no lo estés. Ante el estupor de la gente allí reunida, saqué el teléfono del bolsillo de mi padre y dejé que sonara. Miré a mi hermano y le dije, joder, al final resulta que eres un romántico. Fue lo último que escuchó antes de irse a su nueva morada, tan fría, tan oscura.

Ojalá alguien me escribiera un final tan inspirado. Ojalá alguien me guiase entre la cordura y la nostalgia.

El chico que escucha ahora el tema con los auriculares para no hacer ruido no se parece en nada al del tanatorio. Excepto en que por aquel entonces ya se le habían roto tantos sueños como a mi ahora.

Que te voy a contar… Me gustaría decirte que todo pasa, pero detesto citar a nadie en plan que bonito, como molo que me lo he leido y toda esa mierda. Cada uno que se escriba sus propias frases, sus propias mentiras, cada uno que se firme la puta escayola con la mano buena, a mí ya me cuesta bastante mantener el equilibrio, así que…



Pato… yo que sé. Esto es una mierda. Pero una mierda bastante divertida, a veces, cuando te dejas besar en un portal sin ascensor, o cuando sales empapado de la ducha, o cuando rompes una taza de café, o molestas al niño del carrito hasta hacerlo llorar. Una mierda divertida incluso en esos días en los que no te toca la primitiva y no tienes ni para un transplante.
Divertido cuando te despiertas y descubres que Inca está en el salón y desea tanto como tú salir a tomarse unos vermouths. Divertido cuando la chica de la tele decide llamarte y al escuchar el teléfono, recuerdas que sigues vivo.

Pato, en realidad te regalo esto. Una noche de insomnio, el tiempo invertido en pulsar todas estas teclas. Este es mi regalo de reyes, el segundo invertido en pasar de aquí a la última palabra de la frase.


Intentaré dormir. Lo prometo.

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