Infinito y medio

Como en aquel anuncio de Cocacola, los chicos pasean sus flores por la calle sin avergonzarse y las niñas bonitas atienden más que de costumbre la bandeja de entrada de su teléfono.. En los canales musicales que insistentemente ponen en mis bares de cabecera, aperece una cosa permanente donde la gente manda sms con sus nombres y las de sus parejas y, misterios de la ciencia, les dicen el tanto por ciento de amor o compatibilidad entre los dos nombres. Así, entre un clip de Coldplay y otro de Paulina Rubio, uno puede saber que Rubén y Jesica están un ochentaydos por ciento enamorados. Peor suerte corren Nuria y Oscar, que solo alcanzan el sesenta pelao. No es para tanto, creo que algunas de mis novias no me querían más de un treynta, y eso después de haber cocinado para ellas y pornerme su camisa preferida.



Supongo que el programa ese dice la verdad. Si está en la MTV tiene que ser en serio, ellos nunca frivolizarian con estas cosas del amor.
Y así, con estas cosas, va transcurriendo un San Valentín más. Entre gente que camina a cámara lenta y chicos que esperan en las bocas de los metros a que salga su media naranja. Al cierre de Zara o H&M, ninguna dependienta se quedará sin su chico esperando a la puerta. Todas con un abrazo a la salida.

Pocas veces he tenido pareja en estas fechas, pero cuando así ha sido, nunca he acertado con un regalo que mereciera la pena. Lo sé chicos, yo soy de esos a los que les importa un pimiento este día y a mis novias igual. Pese a todo siempre me dejaba influir por los anuncios y la corriente consumista. El mismo día corria a comprar cinturones, discos, pelis o alguna cosa que nunca sorprendía en absoluto a mi pareja. En una ocasión reservé mesa en un restaurante de esos con nombre italiano y llegamos tarde, otra vez estuve a punto de sacar entradas para el teatro pero el ordenador se colgó sin poder confirmar la reserva. Lo sé, soy un desastre para este tipo de cosas. Ya lo saben chicas, nunca salgan conmigo si no quieren sentirse decepcionadas un día sí y otro también.

Tecleo esto mientras pienso en los pobres Nuria y Oscar y su escaso porcentaje amoroso. En el fondo me resulta entañable imaginármelos debajo de las mantas, acaricándose con ternura después de haber follado con un ciento por ciento de entrega y pasión. Ella habrá mandado el mensaje a la tele y habrán esperado a que sus nombres aperecieran en pantalla. Tras ver el resultado, Oscar cambió de canal.

Después de un silencio incómodo, él se habrá puesto en pie. Buscando los vaqueros tirados por la habitación pensaría que no existe peor cosa que tener que ir a trabajar a media tarde, dejando a su chica desnuda en la cama. Ella piensa lo mismo, aunque le quedan todavía tres horas antes de ponerse tras el mostrador del Burger King. Les espera una noche de mierda y lo único que les alimenta es tenerse el uno al otro debajo de las sábanas. En esa habitación desordenada de Nuria da igual que su padre no acepte que su niña bonita salga con un chico despeinado de Moratalaz cuyo único futuro es convertirse en oficial de primera en la imprenta de su tío. En esa habitación da igual lo que diga la MTV, ni la camisa llena de tinta de Oscar, ni la estufa que casi no encienden para ahorrar, ni las sesenta horas que trabajan a la semana, ni la falda que nuria ha remendado una docena de veces, ni los apuntes de calse que llevan perdidos bajo una montaña de ropa desde Septiembre, ni los poemas escritos con cloroformo de su anterior novio.

Lo que de verdad importa es que mañana temprano él aparcará la moto debajo de su ventana y se sentará en un banco a ver amanecer mientras espera a que la panedería encienda sus luces. Comprará esos bollos de leche que a ella tanto le gustan antes de subir las escaleras y abrir la puerta sin hacer ruido con las llaves. Entrará en el cuarto, tirará la ropa al suelo y firmará con sus labios el cuello de Nuria mientras se acurruca a a su lado.

Nuria se despierta todas las mañanas al oír la moto. Le encanta esperar a que suba con los bollos. Cuando escucha las llaves en la puerta cierra los ojos como una niña que espera los reyes magos. Ella sabe que por ahora se tienen el uno al otro, y eso es más de lo que puede pedir de momento. Todas las mañanas se hace la dormida, todas las mañanas se desliza hacia un lado para hacer sitio en la cama antes de que llegue. Nuria sabe que lo que de verdad importa es escuchar esas llaves en su puerta. Eso es lo único que merece la pena, las llaves en la puerta.

2 comentarios :

Publicar un comentario