Parecido a un blues.

La gente no sabe nada de nada. Se sientan a comer como borregos, piensan en las normas de sanidad, en los putos carnets de manipulador de alimentos, en las horas extras, en irse a jugar al golf, en su papaito, en el coche que se van a comprar. Piden otro bitter, otra caña, en fin.

No piensan en el vigilante, que lleva ocho cervezas y seis canutos encima, y que solo quiere romperle las piernas a algún capullito pijo que lo mire un poco mal. Y no saben que la cocina está infectada de cucarachas, que el fregadero donde nos lavamos las manos no tiene jabón desde el martes, no saben que si te apoyas en el pasante del bar, notarás como una fila de hormigas te sube por el brazo hasta el codo. No piensan en nuestras manos, esas manos con las que bajamos al baño y nos agarramos la picha, y luego nos manchamos con el sirope de fresa y luego cogemos los hielos que van a parar a sus jarritas de agua gratis, esos hielos que se deshacen en el agua soltando todos los gérmenes de mi picha, de las pichas colombianas, dominicanas, ecuatorianas, como una bomba tóxica con control remoto. Mientras, ellos piensan en lo bien que les va la vida, lejos de las cucararchas, las hormigas, o ese insecto que camina y vuela, y que se encuentra en la parte trasera de la cocina, donde cortan la carne y rebozan el pollo de la ensalada césar, entre pizzas y paella. Y no saben que esos encargados de corbata que corren de un lado para otro llevan encima medio gramo de coca cada uno. Y son las ocho de la tarde, y todavía les quedan rayas en la oficina como para sazonar todos los putos solomillos ibéricos que se tomarán esos capullos. No se fijan en los ojos inyectados en sangre, en el sorber contínuo de sus fosas nasales, ni en la mirada perdida, ni en esa susceptibilidad y mal café contínuo. Te lo digo, no se te ocurra pedirle una hoja de reclamaciones a uno de esos encargados cocainómanos, puede que te parta la boca, que te escupa, que te agarre por el cuello, puede perder los nervios y, ojo, en la mesa hay cuchillos afilados. Piénsatelo chico, no merece la pena.

Si alguna vez vienes por aquí, no pidas nada con hielo. Te lo intentaremos meter en todas la bebidas, tres o cuatro, los que nos dé la gana. Pero tío, asegúrate, cuando pidas la bebida, exige que no tenga hielo, que quede claro. Y si haces eso, puedes disfrutar observando las manos temblorosas de algún camarero con síndrome de abstinecia, fijáte en sus uñas negras, en el sudor de su frente. Esos ojos enrojecidos de hachís que no te miran. Cuenta las veces que nos sorbemos la nariz, intenta leernos los labios cuando estemos un poco alejados. Lo pasarás bien. Pero sobre todo aléjate de los hielos. En el fondo somos buena gente, algo rara eso sí.

Misión del grupo.
Ejercer un liderazgo basado en la excelencia profesional y en la confianza del consumidor.

En algún lugar de la ciudad se reúnen los que nos manejan. Los que toman las decisiones.Llegan en sus coches de no me mires niñato que me lo rayas. Se sientan en una gan sala, alrededor de una mesa de caoba, con sus trajes, sus corbatas, sus seis años de facultad. Son adictos, adictos a la pornografía numérica. Esparcen sobre la mesa los papeles, las cuentas. Lo examinan todo mientras se ponen cachondos, son adictos al sexo en grupo, adictos a dar por el culo a gente.

El porcentaje del coste de personal, la media de pedido, la venta bruta por tramo horario comparada con el historial del año pasado, coste de producto, indicencia de promociones sobre la media de pedido, porcentaje de menús infantiles, número de bebidas entre el número de comensales... Oh sí, todo esto les pone a cien. Comienzan a tocarse la entrepierna, cada uno al de al lado. Sus caras se enrojecen, sus corazones palpitan. Esos decimales. Esas gráficas. Esa mesa de caoba, brillante, reluciente, el no va más. Aquello se empieza a humedecer.

Primera norma.
Respetar a las personas y valorar su diversidad.

Algunos ya tienen los ojos en blanco. Alguno ya se ha corrido en los calzoncillos. Este mes tendrán plus de empresa. Se miran y se sonríen sin dejar de agitar las manos, arriba y abajo, arriba y abajo, vamos chico que bien lo haces. Entonces se levantan y explusan todos sus fluidos encima de la mesa. Riegan los papeles con sus jugos vaginales, su semen de buena familia, hasta dejar bien empapados los documentos. Levantan las manos y dan gracias a Dios, dan gracias a mamita y a papito por el master que pudieron hacer. Por que aquello les ha llevado a la cumbre, han triunfado en una empresa privada del sector de hostelería. Ellos manejan el mundo, ellos manejan las bacterias que se deshacen en tu jarrita de agua. Están sudando, están extasiados. Alguien trae del baño papel para que todos se limpien las manos pringosas. Son adictos al sexo en grupo, adictos a la pornografía numérica.



Segunda norma.
Entender que el éxito está asociado al trabajo en equipo.

Mientras se frotan con el rollo de papel, uno comienza a tener náuseas, nota como le sube un sabor ácido del estómago. Vomita, vomita todo encima de la mesa de caoba. Los otros se abalanzan sobre los restos de lo que parecía ser una comida, carne roja sin digerir flotando en un líquido amarillo, algo de arroz en el fondo. Cogen con sus manos el vómito y lo examinan. Es entonces cuando alguien dice que aquello es una idea, alguien a vomitado una idea que te cagas. Una gran idea que les ayudará a mejorar esas décimas el coste de personal. Alguien se encarga de explicar la idea y dice que hay que cargarse a dos colaboradores de seis horas. Procurar que solo haya una persona para el cierre a la una de la mañana. Y les da igual lo que tengas que correr, lo que te duela la espalda, las mil cosas que tengas que limpiar para irte a tu casita a ver Crónicas Marcianas, ellos ya te están dando por el culo.

A quién le importa un puto negro, un puto sudaca sin trabajo, conseguirán bajar dos décimas el coste de personal. Vuelven a estar cachondos. Entonces otro vomita otra idea. Tendremos que despedir al cliente por su apellido. Eso es, será genial, gracias mamita, gracias papito. A partir de ahora tendremos que leerle el apellido a la gente en su tarjeta del club, en su DNI, en su puta American Expres. Le diremos gracias señor Morales, gracias por no dejarme ni un céntimo de propina después de saborear mi picha. Vuelva pronto. Ha sido una gran idea, una idea sublime, práctica, fácil de ejecutar. Una idea como Dios manda, de las que hacen que un maldito trabajo se convierta en un campo de concentración nazi al servicio de unos pijos que te mirarán con mala cara ante tanta confianza. Gracias Señor Calvo, Señorita Rubio, Gracias Don Nicosio. Genial, esta gente se lo está currando, se merecen la paga de navidad.

Tercera norma.
Conseguir la máxima satisfacción de nuestros clientes.

Y entonces se vuelven a anudar las corbatas, se secan el sudor, y vuelven a sus casa, a sus coches que te cagas. Se volverán a encontrar la semana siguiente, en otra reunión de adictos a la pornografía numérica, adictos a dar por el culo. Y lo que no saben es que ganan dinero gracias a nosotros, gracias a los gérmenes de las pichas que dejamos flotar en las jarras de agua. Esos gérmenes crean adicción. El sabor peculiar de las jarras de agua es nuestro signo de distinción, la especialidad de la casa. Jarras de agua que les recuerdan el sexo, el sexo que casi nunca practican. Con esa cara de mal follados está claro. Saborean mi picha sorbo a sorbo. Me siento poderoso.Les encanta. Eso es lo que hace que la gente vuelva, el sabor peculiar del agua, la sensación de que hay algo más en la jarra, hay algo vivo flotando, algo rico, umm, me gusta.


Cuarta norma.
Comprender que la rentabilidad es esencial en el presente y para el éxito del futuro.

En mi comedor de personal hay un cartel de la empresa. Son dos fotos de equipos de trabajos de otros centros. Debajo se puede leer. " Premios de uniformidad del cuarto cuatrimestre del 2004" Lo juro, eso es lo que pone. Para esta empresa los años tienen cuatro cuatrimestres, dieciseis meses. Son la leche, son unos inútiles, no saben sumar, no han pasado un psicotécnico, no tienen el E.G.B.

Si los años tienen dieciseis meses creo que me deben bastantes días de vacaciones. Aunque la verdad, trabajando aquí los años pueden parecer una eternidad. Siempre te están dando por el culo y eso se nota, desde que entras hasta que sales. Cuarto cuatrimestre, me meo.

Aparte de la foto, en el comedor hay una máquina de café. Una máquina que solo usan los nuevos. Dentro tiene un nido de insectos reptantes que campan a sus anchas, están calentitos y salen por la noche, cuando la luz ya se ha apagado para comerse todos lo desperdicios del suelo pegajoso. Al principio te bebes el café de la máquina y piensas, oye tío no está mal. Pero cuando lo remueves mucho y aparecen flotando esos bichos repugnantes, te das cuenta, estás pagando por todas las bacterias que dejas en las jarras de agua. La falta de higiene se vuelve en tu contra, Dios te castiga con una jodida plaga en tu maldito café. Los nuevos aún siguen usándola de vez en cuando, me meo de la risa. Los pobres tardan unos cuantos cafés en darse cuenta, muchas veces no se fijan en el fondo, y si ven algo flotando piensan que se les ha caído encima, que es ocasional. Pobrecitos, pronto conocerán la verdad.


El presente se detiene, todo el tiempo se detiene en este lugar. Solo existe ese maldito dolor de espalda, esa sensación de que las rodillas van a explotar. Todo se hace en el presente, cobras, tomas nota, retiras los platos, despides por el apellido, montas la mesa, todo en el mismo instante, en la misma fracción de tiempo. El tiempo es presente. El dolor es presente.

Imagínate sesentaycinco pares de ojos mirándote, la mitad te están pidiendo algo, algo nuevo que no has hecho todavía. La otra mitad está saboreando las dulces jarritas de agua, miles de felaciones al día, miles de sorbos a tus gérmenes.

Si algún compañero te dice que en la doce están satisfechos, quiere decir que son unos hijos de puta tiquismiquis, ojo con ello. En la seis faltan postres, significa que mires por que hay una tía muy buena que no te puedes perder. Quizá en la cuarentayseis te paguen con un billete de cien, eso es que no te fíes que se pueden ir sin pagar. Si la mesa dos está sucia, es que hay sentada algúna persona muy fea, o con un peinado absurdo, o muy alto, o muy bajo, algo raro que da risa. Si alguna mesa está coja, hay que llamar al vigilante, problema a la vista. Y si la treynta y cuatro está ocupada, es que los jefes se han sentado a cenar, puedes ir a la cocina y comer lo que pilles, bajarte al baño y hacerte un porro, intentar montártelo con la segunda de cocina en el vestuario,en fin, que comienza la hora feliz. Nada se llama por su nombre, todo son eufemismos, claves, subterfugios, todo con tal de que la gente saboree nuestras jarras de agua sin enterarse de nada, sin preocupaciones. Te lo digo, chico, somos gente rara.

Quinta norma.
Contribuir positivamente a la sociedad.

Algunas noches se inunda el baño de los chicos, que está en la planta baja. Es una lata, tardas una media hora en localizar el problema y otra media en achicar el agua como puedes. Tienes que abrir cuatro trampillas en el suelo para ver cual de ellas se ha atascado. Con un palo de metal hurgas ahí dentro y sacas kilos de papel higiénico. Luego abres otra y repites la operación. Toda la planta baja queda inundada por cinco o diez centímetros de agua. Algunas veces es solo agua. Otras ya te lo puedes imaginar. Básicamente es mierda, mierda proveniente de todos lo baños del mundo. Más de uno ha vomitado al bajar a la planta baja. Las aguas residuales llegan hasta el comedor de personal, y tienes que pedirle al encargado que te deje comer en una mesa de la sala, ya que aquello no es nada higiénico. Con una mopa gigante, tratas de dirigir el agua hacia los desagues del suelo. Se tarda mucho en deshacerte del agua, y la verdad, el olor es insoportable.

La gente no sabe que cuando subes a servirle sus putas patatas, vienes de pelearte con toneladas de mierda. Mierda que se te ha quedado pegada en los zapatos, mierda que se te ha impregnado en la ropa, en el sudor, mierda que ha penetrado en tus pulmones y ya forma parte de tí, igual que los gérmenes de tu picha forma parte del aparato digestivo de los clientes. Así todos somos una comunidad unida por nuestros fluidos. Una gran comunidad que espera a que les den bien por el culo. Esperamos una señal, un comunicado que explique todo esto. Esperamos que algo cambie para dejar de sentirnos tan mezquinos. Aguardamos a que baje un iluminado que nos pueda explicar qué hemos hecho mal para llegar a esto, que nos indique quién nos ha robado las cosas bonitas que nos prometieron. Esperamos que un día al despertar todo nos parezca distinto, que por lo menos encontremos las razones necesarias para apagar el puto despertador.

Una comunidad que aguarda impaciente a que alguien se levante de la mesa, y diga, oye tío, ya basta, hasta aquí hemos llegado.

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