Domingo

Escribir sobre algo concreto un domingo como este es una tarea imposible. El sueño se acumula en la mesilla de noche esperando a que lo recojas. No tengo mesilla, y sin embargo me parecía una buena frase. Al fin y al cabo el sueño atrasado se almacena en algún sitio, igual que los brindis. Nadie me cree, me toman por loco.

Todos los brindis quedan registrados y archivados en un lugar concreto. Estoy seguro. Siempre que la gente brinda por la paz mundial o chorradas como esas, un anciano bibliotecario de los brindis se muere de la risa.

Cuando todo esto se vaya a la mierda, dentro de mil millones de años, de cincuenta o pasado mañana, no quedará casi nada que nos recuerde. Pero si la gente del futuro decide escavar más profundo, encontrarán el almacén de los brindis. De esa forma nos conocerán y pasaremos a la historia. Examinarán todas esas frases gloriosas con las que acompañamos los momentos inolvidables de nuestras copas y borracheras. Nada se pierde, todo queda registrado. Todas las cosas con las que soñamos, todos nuestros deseos y frustraciones.

Si conoces a una chica con la que da gusto brindar, una chica a la que no le da miedo expresar lo que se le pasa por la cabeza en cada momento, ingeniosa y ocurrente, cásate con ella. Cásate ese mismo día, no se te ocurra dejarla escapar. Si no lo haces al menos bésala, ámala, acompáñala a casa y mira como entra en su portal. Las chicas que saben brindar van al cielo. Esas chicas son de otro mundo y sin embargo parecen tan reales como el frío de los columpios de madrugada.

He conocido a dos chicas así y las dejé escapar. Por eso sé de lo que hablo. Ellas sabían conducirte de la mano al almacén de los brindis. Ellas sabían conmoverte trago a trago.

Por que los teléfonos no dejen de sonar en domigos como este. Tras esto apuró de un trago la copa de vino, me sonrió y supe que al llegar a casa tenía que contarlo. Decirle al mundo que todavía hay esperanza, no todo está perdido.

La dejé en su portal hace un rato. Una escalera sin ascensor, el interruptor no se enciende y los buzones vacíos no esperan noticias de ninguno de los dos.

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