Vacaciones

Mucho aire por arriba.


Dias de vacaciones, días de abrazos y cómo te va la vida chaval. Regresas a casa de tus padres para compartir algo de su tristeza con la esperanza de que la expresión “un buen hijo” no te alcance en los bares de siempre. A tu madre le gusta tu cazadora nueva y eso es el resumen de todo, más o menos. No protesta por tu pelo revuelto, ni por la barba ni por esa delgadez enfermiza que arrastras. Fumas todos los cartones del estanco delante de ella y no hace ningún comentario. Le gusta tu cazadora nueva, eso es todo amigos. Piensas que la depresión es grande si no tiene ni fuerzas para criticarme.

Tu padre sonríe y te invita a vinos. Ahora ya puede ver y no tienes que acercarle las copas en los bares. Te cuenta todo aquello que ya sabes y se alegra de que no le pidas dinero. Te lleva de paseo por las calles del pueblo con la intención de que la gente vea que tiene un chico formal, uno que no se mete en demasiados líos, que no toma muchas drogas y que paga casi siempre las facturas.

Luego visitas a los hermanos y hermanas, que te invitan a café, que se alegran de veras de verte y te abrazan largamente. Todos tus sobrinos han crecido una barbaridad y no se acuerdan casi de tí. Distancia, piensas. Luego uno de tus hermanos te devuelve la mirada desde una lápida donde han rotulado mal su fecha de nacimiento. Lápidas con erratas, el cancer de los cementerios.

Duermes en algunos sofás, bebes y gastas más de la cuenta. Cuando la melancolía te impide respirar con normalidad regresas a Madrid.

Me había propuesto no hablar de nada concreto, solo tonterías para hacerme el interesante. Ya ves, creo que algo he dicho, me parece.

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