Reina de África

Obra maestra.


Ojeas la carta sin muchas ganas y te pides algo que se llama Reina de África. Ella ha pedido La caída del sol otoñal o eso has creido escuchar. Te gustaría un Vozka pero lo haces para no desentonar, son las cuatro de la tarde y no quieres que te vean bebiendo todavía. Ella parece encantada entre tantas infusiones y tartas de arándanos. Los sofás son cómodos y el tiramisú execelnte. La música caribeña es divertida, la gente es guapa y la conversación inexistente. Te preguntas por que demonios la has llamado, con lo bien que estaría ahora mismo durmiendo la siesta. Un vozka, necesito un vozka suplican tus ojos al mismo tiempo que tu boca dice que te encantan las teterías como esa, teterías donde poder tomar un buen Reina de África con su canela y todo.

Llega la camarera con las infusiones y te enamoras directamente. Su pelo corto y moreno te dice que ella también se tomaría una copa en ese mismo instante, un gintonic en algún lugar sin salida de emergencia.

Vas al baño con la camarera en la cabeza y la Reina de África en la vejiga. Te lavas las manos con mucha calma mientras buscas una ventana sin barrotes para salir corriendo.

Regresas con tu amiga y continúas haciendo chistes malos sobre los nombres de las infusiones. Ella ya no se ríe y maldice la noche en la que te dio su teléfono. Entonces te callas y miras a la camarera como tira unas cañas.

Tardes en el Zaguán, te dices, tardes sin siesta, sin sol, sin esperanza.

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