Mañanas

Te despiertas a su lado y piensas en las cosas malas que nos quedan por hacer. Pones música y ves como se despierta. Contemplas el gintonic caliente en la mesilla, el incienso quemado en la ventana abierta y las colillas en la taza de café. Todo perfecto, todo preparado para ser recordado. Sabes que no durará mucho pero no te importa demasiado. Te duele la cabeza y sonríes cuando te asomas al espejo del baño.

Es importante recordar estas cosas, te dices. No te olvides de estas mañanas, ni de la garganta áspera, ni de la cocina revuelta, ni de la ropa en el pasillo. No olvides ese gesto que ella hace cuando no quiere abrir los ojos y sabe que la estás mirando. No encuentras el móvil y descubres que no lo estás buscando. Ya no existe.

Aparece cuando te estás duchando. En ese momento eres tú el que sabe que te mira, y abres más el agua caliente como a ella le gusta. Frótame mi niño.

Los pelos mojados y revueltos salen a la calle, ella tira del carro de la compra. La prensa desplegada sobre la mesa de la terraza. Dos cocacolas, una de ella light y dos pinchos de tortilla por favor. Siempre se me cae el tenedor al suelo y utilizo el suyo.

Pasillos del champion, cosas ricas al alcance de la mano, sonrisas frente al frío de los congelados. Luego vermouths y tapitas donde siempre, frente a la pecera del pez payaso. Donde saboreas los hielos de su boca, donde vuelves a pensar que tienes que recordar todo esto, donde no hay que disculparse ni pedir por favor, donde no vale la pena hablar de nada, solo jugar.

Ojalá vuelvan esas mañanas. Mañanas sacando fotos por el rastro, con monedas en el bolsillo y la mano sudorosa agarrando la suya para no perdernos entre la gente.

Pero al final siempre te pierdes.

No hay comentarios :

Publicar un comentario