El globo

Una chica me ha atado un globo con helio en la espalda. Comenzó como una broma, es cierto, pero he volado, lo juro, y es fantástico. Se parece a esas experiencias extracorpóreas en las que sales del cuerpo y te ves ahí abajo. La diferencia es que en este caso, ahí abajo lo que ves es un señor de albacete con una calvicie avanzada.

Al principio no me di cuenta de que volaba, sencillamente me sentía más ligero. Como si la bandeja no me pesase demasiado, pero poco a poco empecé a elevarme, tanto que ya estaba pegado al techo. Era fabuloso. Al principio tenía serias dificultades para poder depositar las bebidas en las mesas, pero al final opté por lanzarlas. Ya no era un camarero, era un b-52 bombardeando a población civil. Los vasos se rompían, se hacían añicos y los critales se clavaban en la cara de los clientes. Al poco todo estaba cubierto de sangre. A nadie le importaba, parecían divertirse con aquello, así que pedían una ronda tras otra, todo con tal de verme sobrevolar el local y tratar, sin éxito de esquivar mis bombas de fragmentación. Recuerdo con especial cariño una mesa de catorce comensales a los que ametralleé literalmente más me diez ensaladas de una tacada, a algunos les golpeé directamente en la cabeza, dejándolos inconscientes. El resto fueron víctimas de los pedazos de vajilla. Realmente fue una carnicería, pero todos los que pudieron alzaron la vista, y cubiertos de sangre he irritados por el vinagre de las ensaladas, me dedicaron una tétrica sonrrisa mientras me alejaba. Me saludaron con las manos antes de caer muertos o de ir al hospital.

Los niños me aclamaban, le decían a sus padres que querían ser como yo. Entonces les dedicaba un vuelo rasante y les lanzaba caramelos y chocolatinas. Alguna gente perdió un ojo o los dos debido al los cristales. Aquello no me hacía mucha gracia por que no podían verme ni admirar mi majestuosa figura avanzado por las alturas. Pedí a mis compañeros que repartiesen gafas de buzo para que nadie pudiera perder un ojo. Cuando todo el mundo tuvo sus gafas continué mis vuelos y todo volvió a ser divertido.

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