El día que no conocí a Ray Loriga

Pues a veces el tío se viene a tomar una cerveza a la terraza. Con sus tatuajes, su semblante serio. En plan yo soy así. Debe de vivir cerca. El caso es que nunca hemos cruzado ni una palabra. De Ray solo sé lo que sabe todo el mundo. Sé que tiene un par de novelas algo confusas y que me han gustado, el resto no las he leído. El meollo del asunto es que el otro día se quedó más de una hora, cervecita va cervecita viene. Nada raro, la verdad. Sin embargo lo que me llamó la atención es que su lectura era… el As. Ahí está el tío, dandole bofetadas al As, leyendo hasta la editorial, estoy seguro, en plena fiebre mundialista, sin descomponer el gesto, sin aspavientos ni sentimiento de culpa. Entonces recordé una entrevista que le había leído hace algún tiempo en un diario. En ella decía que al contrario de lo que piensa la gente, cuando se reúnen algunos escritores pueden dedicar gran parte del tiempo a hablar de fútbol. Sobre todo del Madrid. Vamos, que el tipo es muy futbolero y le parece muy bien. Es decir que la gente cree que cuando se juntan los cerebros de ilustres escritores y gente tan asín, pues eso, que tienen que tener conversaciones profundas sobre el arte y la estética y soplapolleces varias. Pero no, los hay futboleros y nada mejor que ciscarse en los muertos del árbrito o poner a parir la política de fichajes del que toque ahora. Que no sé quien es la verdad. Voy algo despistado lo sé. Sorry.

Una cosa es ojear distraído el Marca del bar en cualquier barra. Otra muy distinta llevarlo bajo el brazo y leerlo en público. Soy un gilipollas y un esnob, lo confieso. Siempre pensé que la lectura de diarios deportivos era tarea de gente un poco… bueno pues no sé, pero gente y punto. Yo los leo de vez en cuando pero nunca me ha gustado que me relacionen con el tema. Ya sabeis, si alguien te ve leyendo con atención el Marca pensará que no doy para más. Yo soy de los que se compran El País y se lo leen de cabo a rabo, incluida la sección deportiva, en una terracita. Eso me gusta, y aunque lo desee jamás me llevo el As o El Marca.

A partir de ahora me da todo igual, y es por eso que el tal Ray me cae tan de puta madre. Mañana mismo pediré a mi quiosquero El As y con toda mi dignidad desayunaré con él. Entre cafelitos y tostadas, sentado en mi terracita favorita, al sol de media mañana. Podreis verme leer los sesudos análisis sobre mundiales o el tema del dopaje, escritos por a su vez sesudos analistas de la cosa. Estoy harto del tema vasco y los israelís esos que andan con el gatillo fácil, incluso me da pereza enterarme de cuanto han trincado los del Fórum (los de los sellos, aunque me temo que los del otro Forum también van servidos). En fin, que seré totalmente feliz, un ciudadano sin complejos. Y me acordaré de Ray Loriga y la mañana en la que, después de cobrarle, estuve a punto de darle las gracias no por la propina si no por todo lo demás.

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