Supercrisis

Cita en Malasaña.



Camino por Espíritu Santo, esa calle repleta de gente con pinta de follar mas de dos veces a la semana. Como si tal cosa. Aún no estoy en mi época kiwi, en realidad no estoy en ninguna época reseñable. Algo entre la primera comunión y la vejez. Todo ese tiempo libre.

Camino, decía, para encontrarme con D. Me espera en la esquina. Yo pienso algo ingenioso que decirle y al llegar le digo “hola”. Ella me dice algo de unas cervezas con unos amigos suyos en un bar de unos amigos suyos donde exponen unos amigos suyos. Igual tocan, o recitan, o chupan cabezas de langostinos al ritmo de cumbia, no me acuerdo. Le propongo caminar simplemente. Sentir la ciudad desparramándose a nuestro alrededor y charlar, observar y dejar que vaya oscureciendo. Mis planes b son siempre de ese estilo, una puta mierda.

Terminamos en el bar de los amigos, en medio de una conversación que ya he olvidado y en la que nunca intervine. Pago mis tres vodka-naranja en la barra y me voy.


Pienso que ha sido una noche agradable. Que tengo que llamar más a D. Que sus colegas son gente muy interesante. Que los precios de las copas no están mal.

Dos interacciones.


He parado en el kebab de calle toledo. El calor es insoportable así que espero en la acera a que despachen mi pedido. Dos kebab mixtos, es decir confío en el azar a la hora de que mezclen pedazos grasientos de algo parecido a la carne, con pedazos grasientos de algo parecido al pollo. Equilibrio lo llamo.


Al llegar a casa abro la nevera y descubro que no tengo nada más que beber que agua fría. Pienso en bajar al chino a por unas cervezas pero descubro que me he quitado el pantalón en algún momento entre la puerta y la nevera y ya no hay marcha atrás. Enciendo la tele y como sin prestar atención. Al llegar al segundo kebab mi ritmo al masticar se reduce considerablemente, me fallan las fuerzas y el interés por seguir engullendo y dejo parte apoyado en la mesa.
Pienso en cualquier cosa que me aleje de casa por un momento sin llegar a nada. Mi cerebro no está para mucha fantasía los martes.

Agarro el mando y cambio de canal varias veces. Descubro el programa de Chicote y abro el twitter. Mis 43 seguidores siguen en su sitio.

Esa cocina parece salida de una pesadilla de Tim Burton” leo.
El cocinero está de coca hasta las costillas” leo.

Tengo algunas fotos guardadas para usarlas con algún chascarrillo que se me ocurra. He leído en alguna revista que los tuits que incluyen foto tienen más posibilidades de tener favs o retuits. Por lo menos un 45% más de posibilidades.

El suegro parece una mantis religiosa” pulso enviar. Tuit Enviado. Silencio.

El programa sigue su estructura habitual. Primero recogen la mierda a paladas, luego se insultan vehementemente, una mujer llora, acuden a un sitio bonito, reforman el local, todos prometen ser buenos, anuncios, y al final se despiden con un barniz de fracaso difícil de disimular.

Creo que soy capaz de escribir un chiste más gracioso sobre el suegro.

Con ese suegro la cena de navidad la retrasmite Al jazeera” Enviar.

He buscado en google como se escribe Al jazeera. Creo que la comparación es ocurrente y menciono una cadena de televisión extranjera muy metida en conflictos. De esa forma aparento ser una persona que no solo ve el programa de Chicote mientras come cualquier mierda. Intento demostrar la propia indiferencia con la que veo estos realitys, mezclada con la ironía y la desafección hipster que me caracteriza.

Un retuit, tres favs. Creo que no está nada mal. He batido mi propia marca personal. Compruebo que mis 43 seguidores permanecen. Apago la tele, tengo ganas de llorar.


Qué es Supercrisis




Supercrisis fue durante años un blog personal. Mucho antes de que comenzara la crisis financiera, y muchísimo antes de que Paula Echevarría abriera su blog bajo el nombre "el blog de Paula Echevarría", este blog ya existía.

En todos esos años escribí sobre mí exclusivamente hasta que acabé harto.
En estos momentos escribiré sobre lo que me dé la gana y compartiré todo aquello que me haga gracia.
Ojalá no vuelva el Supercrisis triste que se metía en problemas constantemente.

Puede que ahora no te guste lo veas, en ese caso lo siento. A mí también me hacía gracia el personaje que me había creado, pero las personas cambian y en este caso espero que a mejor.




Optimismo





Quizás un día nos levantemos todos con el pie derecho. Quizás un día la gente normal nos hagamos cargo de todo el asunto. Puede que acabemos con toda la chusma que nos rodea, con sus manías de complicarlo todo, de buscar problemas donde no los hay y de enfrentarnos una y mil veces.

Será que hoy me he levantado optimista, de buena onda. Puede que crea que es pertinente ponerme al día de algunos asuntos atrasados. Podríais probar. A empezar un día con ganas de cambiar algunas cosas. Puede que un día todos coincidamos esa mañana en el bar, llenos de un absurdo optimismo contagioso. Ese día comenzará la puta revolución, esa que nadie quiere que llegue no vaya a ser que al final no nos convenga demasiado.



photo by danka peter

Jefes de mierda

Volviendo a lo del otro día no dejo de darle vueltas a esa frase del abogado de mi ex empresa "La hostelería es así" Dando por hecho que cobrar en negro, trabajar horas gratis, no disfrutar de los derechos mínimos como puede ser el disfrute de los festivos etc... son asuntos menores ligados a la propia naturaleza del oficio. Como si la hostelería, ese ente cuasi divino, se comportase a la manera de un ser vivo con sus funciones, estructura y aspecto propio codificado en su ADN.

Una polla como una olla, me digo.

El trabajo de camarero está bien regulado en el estatuto y convenio oportuno, con sus particularidades, obligaciones y derechos. Exacto, como lo has oído primo, igual que cualquier otro curro. Cierto que en mi empresa se defrauda a las arcas públicas a manos llenas, se modifica los salarios ilegalmente cuando les da la gana, no se compensan los festivos y muchas otras cosas más. Pero que un abogado, que debería velar por el cumplimiento de las leyes escrupulosamente,  lo asuma como algo natural, con el consabido la hostelería es así ya tu sabes mi amol, me enerva.

Supongo que estamos donde estamos por que los empresarios del sector son todos premios nobel. El analfabetismo reinante entre los dueños de los bares es asombroso. Quitando honrosas excepciones, el que no sabe hacer nada monta un bar. Gente rebotada de otros oficios; albañiles, transportistas, músicos, ricos que se aburren, ex concursantes de GH. Gente que asume como habitual que la hostelería es así, sólo cuando les conviene. Gracias a esta basura hemos llegado a esto. Un lugar donde parece que defraudar es obligatorio, cotizar a la seguridad social la totalidad del salario una quimera y respetar el límite de horas legales del trabajador ciencia ficción.

Trabajar gratis no es algo que nos podamos permitir muy a menudo. En ocasiones podemos colaborar con un amigo en algo que nos guste de manera totalmente desinteresada. Pero trabajar gratis un montón de horas para una basura humana al que no debemos nada y que vive infinitamente mejor que nosotros, debería estar excluido de nuestro comportamiento.

Si nosotros no cambiamos, los analfabetos seguirán pagando nuestras nóminas, nuestros despidos, nuestras pensiones.

Diréis que suelto este rollo por que estoy caliente. En realidad mi despido era algo esperado y creo tener todo bastante atado y bien atado. Vamos, que pagar me van a pagar todo, solamente me queda dejar pasar los meses, o eso espero.

En realidad lo que me asusta es haber visto las mañanas que he estado esperando en el semac de Madrid, todo tipo de trabajadores engañados por sus abogados, los de la empresa y el cuñado del jefe. Curritos dispuestos a aceptar cantidades miserables por despidos improcedentes de libro. Gente que aceptando lo injusto perpetúan la impunidad de esa gentuza.

Gente que seguramente, el día de mañana monte un bar.


Acto de (re)conciliación


32 horas sin dormir. Entre toda la gente que tengo alrededor nadie se ha fijado en mis uñas sucias. Sale una mujer del despacho y dice mi nombre. Hola que tal, su DNI, si señora, si señor, los buenos días.
Entramos en el despacho y detrás nos sigue el abogado de la empresa. Parte demandada.

Es un tipo majo, no dan ganas de despellejarle. Firmamos los papeles del acta de conciliación dejando bien clarito que no estamos de acuerdo. Lo hacemos tan conformes que cualquiera lo diría. Cuando recupero mi carnet y lo guardo en la cartera pierdo el hilo del asunto. Ya no sé de qué estamos hablando. La cháchara se prolonga más de lo necesario, sobre todo considerando que mi abogado está camino de Logroño. Logroño, me hace gracia. Logroño.

Pensando en la nada estoy fuera hablando con el abogado de la empresa. Enciendo un cigarro para ahorrarme las respuestas, sigo sin tener mucha idea de lo que me está diciendo, puede que me esté hablando de Logroño, ese lugar al que acuden los abogados a reunirse en un salón secreto para conspirar mientras decapitan pollos y ven pelis de Ernest Lubisch en tres putas dimensiones.

Me dice que demandar no lleva a ningún sitio, que el juicio saldrá dentro de un año, que Manolete ha muerto, que la ley ahora está muy jodida para nosotros, los trabajadores. Me jode como lo dice, vosotros.

Le digo que no levante el teléfono para molestarme por menos de diecisietemileuros. Ese es mi vosotros, en cursiva.

Me despido y pongo una conferencia con Logroño, el pollo está en el horno, alfa, tango, zulú.

Me descojono y cuelgo.

Estoy en paro y tengo tiempo. Soy un arma letal.